Durante una década como jefe de la investigación mundial del cáncer en
Amgen, C. Glenn Begley identificó 53 publicaciones “relevantes” -artículos en
las principales revistas, de laboratorios reconocidos- para que su equipo las
reprodujera. Begley trató de
chequear doblemente los resultados antes de usarlos para el desarrollo de
medicamentos.
Resultado: 47 de las 53 no podían ser replicadas. Describió sus
hallazgos en una crónica publicada el miércoles en el semanario Nature.
“Fue impactante,” dijo Begley, ahora vicepresidente
senior de la compañía de biotecnología privada TetraLogic, la cual
desarrolla medicamentos para el cáncer. “Estos son los estudios en los que se
basa la industria farmacéutica para identificar nuevos objetivos para el
desarrollo de medicamentos. Pero si usted va a apostarle 1 millón, 2 millones,
o 5 millones a una observación, necesita primero estar seguro de que es verdad.
En cuanto intentamos reproducir estos documentos, nos convencimos de que no se los puede tomar en serio.
El fracaso en ganarle
“la guerra al cáncer” ha sido atribuida a muchos factores, desde el uso de ratones como modelos de laboratorio que son irrelevantes en cánceres humanos hasta los
organismos de financiación que tienen aversión al riesgo. Pero recientemente un
nuevo culpable ha emergido: muchos de los principales descubrimientos
científicos, hechos en animales o células en placas de laboratorios, que son
destinados a mostrar el camino para un nuevo medicamento, son erróneos.
La experiencia de Begley se hace eco de un reporte de
científicos de la Bayer AG del año pasado. Ningún grupo de investigadores alega
fraude ni identificaría la investigación que ellos habían tratado de replicar. Pero ellos y otros temen que este fenómeno sea el producto de un sistema
corrupto de incentivos con académicos acortando gastos para alargar sus
carreras.
George Robertson de la Universidad e Dalhousie en Nueva Escocia, trabajó
antes en Merk en enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson. Mientras
estaba allí, él encontró también numerosos estudios que no podían sostenerse.
“Esto vuelve loca a la gente de la industria. ¿Por qué estamos viendo un
colapso en la industria farmacéutica y biotecnológica? Una posibilidad es que
la academia no provee descubrimientos acertados.” dijo.
CREALO O NO
Durante las últimas dos décadas, la ruta más prometedora en cuanto a
nuevas drogas del cáncer ha sido una liderada por descubridores de Gleevec, la
droga de Novartis que se dirige a una forma de leucemia, y Herceptin, una droga
para el cáncer de mamá de Genentech. En ambos casos, los científicos
descubrieron un cambio genético que convertía a una célula normal en una
maligna. Estos descubrimientos les permitieron desarrollar una molécula que
bloquea el proceso de producción del cáncer.
Este enfoque llevó a una explosión de demandas de otros objetivos
potencialmente modificables por fármacos. Amgen trató de replicar los nuevos
documentos antes de lanzar sus propios proyectos de descubrimiento de fármacos.
Los científicos de Bayer no tenían mucho más éxito. En un documento del
2011 titulado, “Believe it or not,” ellos analizaron proyectos de la compañía
basados en “información publicada ya existente” de estudios científicos
básicos. “Con frecuencia, la información clave no puede ser reproducida,”
escribieron Khusru Asadullah, vicepresidente y jefe de detección de objetivos
de Bayer HealthCare y colegas en Berlín.
De 47 proyectos sobre cáncer en Bayer durante 2011, menos de ¼ (un
cuarto) pudo reproducir hallazgos previamente reportados, a pesar del esfuerzo
de tres o cuatro científicos que trabajaron a tiempo completo por más de un
año. Bayer dejó los proyectos.
Bayer y Amgen encontraron que el prestigio de una revista no era
garantía de que un documento fuera sólido. “La comunidad científica asume que
las demandas en un estudio preclínico pueden ser tomadas por su valor
aparente,” Begley y Lee Ellis del Centro de Cáncer Anderson MD escribieron en
Nature. Asume también que “el mensaje esencial del documento puede ser confiable…
Desafortunadamente, este no es siempre el caso.”
Cuando el equipo de replicación de Amgen, cerca de 100 científicos, no
pudo confirmar resultados reportados, se comunicaron con los autores. Aquellos
que cooperaron discutieron lo que podía explicar la incapacidad de Amgen para
confirmar los resultados. Algunos dejaron que Amgen tomara anticuerpos y otros
materiales utilizados en el estudio original, e incluso repitieron los
experimentos bajo la dirección de los autores originales.
Algunos autores le pidieron a Amgen que firmara un acuerdo confidencial
prohibiéndole revelar datos en desacuerdo con los resultados originales. “El
mundo nunca sabrá” que 47 estudios -muchos de ellos muy citados- son
aparentemente incorrectos.
La respuesta más común dada por los científicos desafiados era “Ustedes
no lo hicieron correctamente.”
Ciertamente, la biología es amigablemente compleja, anotó Phil Sharp, un
biólogo de cáncer, ganador de un Nobel por el Instituto de Tecnología de
Massachusetts.
Incluso en los estudios más rigurosos, los resultados podrían ser
replicables solo en condiciones muy específicas, explica Sharp: “Una célula
cancerosa puede responder de una manera en ciertas condiciones y de otra en
condiciones diferentes. Creo que mucha de la variabilidad puede provenir de
esto.”
LA MEJOR HISTORIA
Otros científicos temen que algo menos inocuo explicque la falta de
reproducibilidad.
En algún momento de su proyecto para reproducir estudios
prometedores, Begley se reunió para
desayunar, durante una conferencia sobre cáncer, con el principal científico a
la cabeza de uno de los estudios en cuestión.
“Revisamos el documento renglón por renglón, parte por parte,” dijo
Begley. “Expliqué que habíamos hecho su experimento 50 veces y que nunca
habíamos obtenido su resultado. Él dijo que ellos solo lo habían hecho 6 veces
y habían obtenido el resultado 1 vez, pero lo publicaron en el documento porque
hacía la mejor historia. Es muy decepcionante.”
Tal selecta publicación es solo una razón de porqué la literatura científica
está condimentada con resultados incorrectos.
Por un lado, estudios científicos básicos raramente son “cegados” de la
forma que lo son los ensayos clínicos. Es decir, los investigadores saben qué
línea celular o ratón tienen tratamiento o tienen cáncer. Eso puede ser un
problema cuando los datos están sujetos a interpretación, para un investigador
que esté intelectualmente dedicado a una teoría es mejor interpretar evidencia
ambigua a su favor.
El problema está más allá del cáncer.
El martes, un comité de la Academia Nacional de Ciencias testificó que
el número de estudios científicos que tuvieron que ser devueltos creció diez
veces más que la década pasada; el número de artículos publicados en revistas
creció solo un 44%.
Ferric Fang de la Universidad de Washington, hablando al panel, culpó al
ambiente académico hipercompetitivo que fomenta una ciencia mediocre e incluso
el fraude, como también muchos investigadores compiten por la disminución de la
financiación.
“El ticket más seguro para obtener una subvención o un trabajo es
teniendo una publicación en una revista de alto perfil,” dijo Fang. “Esta es
una creencia poco saludable que puede llevar a un científico a envolverse en el
sensacionalismo e incluso algunas veces en comportamientos deshonestos.”
El sistema de recompensa académica desalienta los esfuerzos para
asegurase de que un hallazgo no sea una simple coincidencia. Ni hay un incentivo para verificar el
descubrimiento de alguien más. Tan reciente como a finales de los 90s, la
mayoría de las posibles drogas del cáncer eran respaldadas por 100 a 200
publicaciones. Ahora cada una puede tener menos de la mitad de una docena.
“Si usted puede escribirla y publicarla no está pensando siquiera en
reproducibilidad,” dijo Ken Kaitin, director del Centro Tufts para el Estudio
del Desarrollo de Medicamentos. “Usted hace una observación y sigue. No hay
incentivo para averiguar si estaba equivocado.”
(Nota: el investigador C. Glenn Begley no se relaciona con el autor de
esta historia, Sharon Begley)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario